jueves, 12 de noviembre de 2015

¿Estamos convirtiendo España en una enorme escombrera?

Voy de camino a Cádiz para disfrutar de la floración de los narcisos otoñales, que tras las abundantes lluvias promete ser espectacular. Paco y Javier, del blog Flórula Gaditana, me van a llevar a ver una de las grandes maravillas de la flora andaluza: un lugar donde crecen juntas tres especies de narcisos junto a sus híbridos. Cuando veo el sitio, en el término municipal de Chiclana de la Frontera, me sorprendo: jamás me habría detenido en un lugar así. Tal y como se ve desde el coche no es más que un descampado, un retazo de lentiscar entre urbanizaciones invadido por grandes cardos. Y sin embargo oculta un gran tesoro. Allí están las flores, su perfume las delata.
este descampado oculta un tesoro de gran valor natural: 5 narcisos distintos en 100 metros Andalucía tiene una de las redes de espacios naturales protegidos más brillantes de España. Todas las grandes ecorregiones de la comunidad cuentan con un representante en la red, a menudo un espacio prístino de valor paisajístico excepcional. Pensad en los arenales de Doñana, los alcornocales de Cádiz, las cumbres de Sierra Nevada o las estepas del Cabo de Gata. La pregunta que nos podríamos formular es: ¿basta con proteger los paisajes más hermosos y conservados para proteger la naturaleza? ¿O existen espacios que a primera vista no resultan interesantes pero que tienen un tesoro escondido? El problema es particularmente agudo en las cercanías de la costa andaluza, donde parece que sólo es posible el binomio “urbanización versus parque natural” directamente uno junto al otro. No hay campos, ni espacios libres, y lo poco que queda está bajo el riesgo contante de ser devorado por una urbanización o ser víctima de un plan de ajardinamiento o “restauración” absurdo ¿Cómo podemos proteger estos espacios, a menudo pequeños, en un contexto de creciente destrucción del patrimonio natural?
destrucción de la flora en un descampado de Chiclana, Cádiz Yo comprendo que la costa gaditana es una maravilla y que todo el mundo quiera tener una casa allí, pero estamos sobre el límite de capacidad del territorio y ya no es posible construir más sin destruir lo que hace que la costa sea hermosa. No olvidemos que si lo único que pretendemos es servir cerveza barata a los ingleses, Marruecos y Túnez nos pueden aventajar en cualquier momento. Por ello deberíamos ser capaces de preservar mejor nuestra biodiversidad, y con ella nuestros paisajes. En nuesto país hay un enorme cuerpo de conocimiento sobre flora, fauna, geología, etc., y eso es algo que el viajero sabe apreciar: el conocimiento marca la diferencia. Por eso es tan triste ver que donde hubo un bosque ahora no hay más que un aparcamiento sombreado, y que lo poco que queda sin construir se llena de vertederos ilegales y escombreras. Las especies invasoras, muchas provenientes de jardines y campos de golf que vierten sus desechos sin control en los descampados vecinos, se extienden rápidamente. Las plantas ruderales y nitrófilas colonizan los pastizales, desplazando a especies únicas, más frágiles. En definitiva, todo aquello que hace al territorio irrepetible, las especies endémicas producto de millones de años de evolución, los parajes de alta biodiversidad, la vegetación plenamente desarrollada, el paisaje tradicional... Desaparecen, y son sustituidas por un catálogo reducido de especies sinantrópicas que crecen en todas partes, y por edificaciones. Cucarachas, gorriones, grama y algún cardo junto a un McDonald’s están llamados a sustituir a sabinas, narcisos, camaleones y currucas, y parece ser que también al poblado de pescadores de Sancti Petri, que tiene los días contados. Esto os sonará conocido porque no es más que la encarnación gaditana de una tendencia a gran escala: desaparición de casi todo lo que es único para ser sustituido por una masa informe, globalizada, carente de personalidad, y lo que es peor, de sentido.
destrucción de la flora en un descampado de Chiclana, Cádiz Por cierto, mis amigos de Cádiz me comentan que sobre el reducto de terreno donde crecían los narcisos ha pasado maquinaria pesada, sin motivo particular, destruyendo así un lugar completamente único que pasa a engrosar el catálogo de sitios para el recuerdo que cubren nuestro territorio. Otro caso sangrante se puede ver aquí, aunque hay muchos más. Y es doloroso porque el valor incalculable de esa hectárea era sobradamente conocido en la región. Es urgente que Andalucía se decida a establecer un catálogo ambicioso de microrreservas de flora, como ya hacen Valencia y Murcia, y ponga fin a la destrucción de estos santuarios naturales con pinta de descampado, que sólo ocupan una hectárea.
invasión de Acacia retinoides en la costa gaditana Si queréis saber más sobre los narcisos, Paco y Javier os cuentan su historia aquí y aquí.
Aquí una interesante visión sobre un descampado cualquiera.
Más sobre narcisos, la próxima semana.

5 comentarios:

Para protegernos de la depredación en todos los sentidos, solo es posible con la implicación de la sociedad.
Las autoridades deben de educar a sus ciudadanos,sobre todo en esos valores mediambientales que tanto carecemos y nosotros devolver con esa custodia de todos esos espacios,tenemos que aprender que estamos de paso y que nuestros hijos y nietos tienen derecho a recibir esos bellos paisajes en estado "natural"seguimos en deuda con el autor del blog por su labor didáctica,enhorabuena.

Completamente de acuerdo con que la educación es fundamental. Los que nos dedicamos a la enseñanza sentimos que luchamos en soledad contra una sociedad que es un gigante con una enfermedad degenerativa. Espolear el sentido crítico, la sensibilidad y muchísimas otras capacidades que serían deseables en nuestros alumnos es una misión casi imposible,.. y agotadora.
Eso sí, el primer paso es no tirar la toalla y el segundo informar a la humanidad de que no estamos conformes.
Para ello un bloguero viajero es esencial, por supuesto. ¡Enhorabuena!

Las cosas importantes se encuentran a veces en los lugares más insospechados. Precisamente hace unos meses en una charca de Alicante rodeada de descampados y polígonos industriales y medio enterrada por los escombros, encontramos una población de un pez en peligro de extinción. ¡Saludos y felicidades por el blog!

Hola a todos: gracias por vuestros comentarios. Estoy completamente de acuerdo con vosotros en la necesidad de mejorar la educación. Por desgracia, los tiempos que corren están en nuestra contra y mucha gente joven piensa "para qué quiero saber eso si está en Internet". Disciplinas que antes entraban en toda buena educación, como la filosofía, la música o el dibujo, desaparecen del panorama a marchas forzadas. El estudio de la biodiversidad, por su parte, ha desaparecido de la escuela y depende de la buena voluntad de los maestros y profesores de instituto. Un panorama desalentador, sin duda!

Gracias Paco: completamente de acuerdo contigo. Muchas veces se encuentra uno un tesoro en medio de un baldío!

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