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miércoles, 2 de mayo de 2018

El Narcissus vitekii se da a conocer en los medios

El Narcissus vitekii, la hermosa plantita que describí, sale de gira!

Aquí tenéis el link a una entrevista emitida el 2 de Mayo en Canal Extremadura Radio. Mi agradecimiento a Laura Nieto, de producción, y cómo no, a Ana Gragera y Antonio León, los presentadores del magazine "El Sol sale por el Oeste", por su interés y el buen rato que pasamos en la radio.
El Periódico de Extremadura ha dedicado una página completa el 1 de Mayo al descubrimiento. Mi más sincero agradeciniento a Raúl Haba y su web Nuestra Comarca por su interés y el excelente rato hablando de plantas y muchas cosas más.

Y cómo no mencionar a Agustín García, que tuvo la genial idea de echar la bola de nieve a rodar produciendo esta avalancha de acontecimientos positivos.






domingo, 22 de abril de 2018

Narcissus vitekii, una nueva especie de narciso en la Sierra de Gata

Hoy os voy a contar la historia del descubrimiento de una nueva especie.
Una nueva especie es como un tesoro escondido. Nadie sabe que está ahí y un buen día, por casualidad, te lo encuentras. Y eso es exactamente lo que ocurrió aquel 18 de Marzo de 2017. Me encontraba “de caza”, fotografiando narcisos para una guía de plantas en la que estoy trabajando y venía del valle del Mondego y la Serra de Aire, de documentar las especies portuguesas. Me dirigía a la Sierra de Gata, a un punto que me pasó un conocido de un grupo de Whatsapp, donde podría encontrar el Narcissus asturiensis, una esquiva especie del noroeste de España, de forma particularmente cómoda tras el periplo portugués y relativamente cerca de mi cuartel general en Badajoz.
Narcissus vitekii en la Sierra de Gata. Foto de Pedro Escobar García
El pequeño Narcissus asturiensis apareció, y viéndome con el programa de la excursión terminado y con tiempo de sobra, decidí subir hasta la cima por deporte y disfrutar de una atalaya desde la que se divisan dos países y media provincia de Cáceres: de Gredos por el este a la Serra da Estrela y hasta el Puerto de los Castaños por el sur. Pero de camino, otro pequeño narciso me hizo parar la marcha y agacharme. A este no me lo esperaba. Por más que lo miraba, no sabía qué era. La flor era parecida a la de una especie de la Sierra de Grazalema, el Narcissus cuatrecasasii, pero sus hojitas verde olivo eran las del N. scaberulus portugués. Iba bien documentado, me había estudiado las diferentes especies de narcisos a fondo y llevaba el PDF del capítulo corespondiente de Flora iberica en el bolsillo, así que cuanto más lo miraba, más me sorprendía. Las plantas estaban empezando a florecer, pero pude ver miles. Aquello no era una forma aberrante de algo ya descrito, ni un híbrido, era algo gordo. Algo que seguramente mucha gente habría visto pero que nadie había descrito para la ciencia. Esa planta era un verdadero tesoro y me había tocado a mí desenterrarlo.
Narcissus vitekii en la Sierra de Gata. Foto de Pedro Escobar García
Me llevé unos cuantos ejemplares vivos para estudiarlos de vuelta al herbario. Allí podría compararlos con todas las demás especies y ver realmente de qué se trataba. ¿Una especie autónoma o una subespecie de N. scaberulus? Visité el herbario del Jardín Botánico de Madrid, medí cientos de flores recolectadas a lo largo de décadas y las metí en la “caja mágica”, o sea, en mi ordenador. Los números dirían de qué se trataba. Y tras cacharrear un poco con la estadística, la gráfica habló, y un análisis de coordenadas principales mostró las especies ya descritas como un complejo mapa de continentes, islas y penínsulas, con mi plantita en el medio a modo de istmo entre las islas N. cuatrecasasii y N. rupicola; más lejos de N. scaberulus que su especie hermana, el N. calcicola. Mi planta no era una subespecie de esta planta portuguesa, sino una especie autónoma, perfectamente delimitada, un tesoro único y exclusivo de mi tierra, Extremadura. Ahora, era urgente comunicar esto a los demás con una publicación científica, que es el medio de compartir este tesoro. Es nuestro, no sólo de los habitantes de San Martín de Trevejo, que ahora pueden lucir aún un motivo más para que visitemos su hermoso rincón del mundo; es un patrimonio natural de todos los extremeños y sobre todo, de las personas que amamos la naturaleza y su más bella manifestación: las flores.
 Narcissus vitekii en la Sierra de Gata. Foto de Pedro Escobar García
El artículo con la descripción de la nueva especie (en inglés) se publicó el 23 de Marzo de 2018, casi exactamente un año después del hallazgo. Esta publicación es el equivalente a la fe de bautismo de la planta, a la que decidí llamar Narcissus vitekii, en honor de un importante botánico y benefactor de la ciencia austríaco recientemente jubilado, Ernst Vitek. Los certificados de nacimiento de la nueva especie (o tipos nomenclaturales) son públicos y se encuentran en los herbarios de Viena (W), Guadajira (HSS), Badajoz (UNEX), Madrid (MA) y Salamanca (SALA).

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Star Wars: Las Gramíneas contraatacan

Uno de los placeres de la Guerra de las Galaxias y Star Trek es ver la diversidad de paisajes y de gentes extraterrestres. Desde el punto de vista de la evolución no tienen mucho sentido, aunque Star Trek podría ser un escenario plausible si los humanos colonizaran el espacio interestelar… Y luego se encontraran de nuevo unos cuantos millones de años después. Lo que os quiero contar esta semana es que tengo la mesa del trabajo llena de vulcanianos, klingons y otra gente pintoresca… Solo que mis extraños invitados no son imaginarios!

 Jabba en Star Wars

Durante un reciente viaje a tierras de Arabia tuve oportunidad de recolectar un buen número de gramíneas. Estas plantas no sólo son la base de la alimentación mundial (pensad en el trigo, el arroz y el maíz) y las causantes de gran número de alergias, son además uno de los grupos de seres vivos más exitosos del planeta. Crecen en todos los ecosistemas, desde las tundras ártica y antártica hasta las selvas tropicales, y dominan gran cantidad de biomas, como las estepas, pastizales y sabanas. Pueden ser diminutas y casi invisibles, como Mibora minima, que no levanta dos centímetros del suelo, o gigantescas como los bambúes del género Dendrocalamus, enormes hierbas de 25 m de altura. Con unas 12.000 especies, la diversidad de formas es increíble y necesitaríamos años para llegar a familiarizarnos con solamente la mitad de ellas.

 Ejemplar joven de Halopyrum mucronatum, en Omán. Foto P. Escobar

Las gramíneas son importantísimas en los ecosistemas mediterráneos, donde géneros como Agrostis, Bromus, Festuca o Poa son prácticamente ubicuos. Estos géneros „normales“ son parte cotidiana de nuestros paisajes y todos los botánicos y amantes de las plantas están familiarizados con ellos. Son, por así decirlo, la „gente normal“ que te encuentras en todas partes: sabes qué pinta tienen y a qué se dedican. De ahí el „pasmo“ que se lleva uno al poner un ejemplar de Apluda mutica o de Leptothrium senegalense bajo la lupa. Es como si de repente, los Klingons de Star Trek y los Ewoks de la Guerra de las Galaxias aparecieran juntos por la puerta del herbario. En los ecosistemas de Arabia, las gramíneas son igual de importantes que en el Mediterráneo. Pero al atravesar la línea que separa los climas desértico (con inviernos húmedos, donde llueve, y veranos secos) del Golfo Pérsico y monzónico de Yemen y Omán (con veranos húmedos e inviernos secos) hay un cambio casi total en la flora y los géneros paleotropicales de Cynodonteae, Andropogoneae y Eragrostideae (los “extraterrestres”) casi sustituyen a las Poeae, las „gramíneas normales“ de las zonas templadas. Es curioso ver las hermosas playas del Índico con sus dunas blancas pobladas por Halopyrum mucronatum donde uno esperaría ver la Ammophila arenaria de toda la vida. Con el cambio climático, es de esperar que estos „extraterrestres“ acaben colonizando la Península Ibérica. De momento, Dinebra ya ha aterrizado en Valencia.

Paisaje costero en Shaat, Omán. En primer plano: Ficus vasta. Foto: P. Escobar

jueves, 12 de noviembre de 2015

¿Estamos convirtiendo España en una enorme escombrera?

Voy de camino a Cádiz para disfrutar de la floración de los narcisos otoñales, que tras las abundantes lluvias promete ser espectacular. Paco y Javier, del blog Flórula Gaditana, me van a llevar a ver una de las grandes maravillas de la flora andaluza: un lugar donde crecen juntas tres especies de narcisos junto a sus híbridos. Cuando veo el sitio, en el término municipal de Chiclana de la Frontera, me sorprendo: jamás me habría detenido en un lugar así. Tal y como se ve desde el coche no es más que un descampado, un retazo de lentiscar entre urbanizaciones invadido por grandes cardos. Y sin embargo oculta un gran tesoro. Allí están las flores, su perfume las delata.
este descampado oculta un tesoro de gran valor natural: 5 narcisos distintos en 100 metros Andalucía tiene una de las redes de espacios naturales protegidos más brillantes de España. Todas las grandes ecorregiones de la comunidad cuentan con un representante en la red, a menudo un espacio prístino de valor paisajístico excepcional. Pensad en los arenales de Doñana, los alcornocales de Cádiz, las cumbres de Sierra Nevada o las estepas del Cabo de Gata. La pregunta que nos podríamos formular es: ¿basta con proteger los paisajes más hermosos y conservados para proteger la naturaleza? ¿O existen espacios que a primera vista no resultan interesantes pero que tienen un tesoro escondido? El problema es particularmente agudo en las cercanías de la costa andaluza, donde parece que sólo es posible el binomio “urbanización versus parque natural” directamente uno junto al otro. No hay campos, ni espacios libres, y lo poco que queda está bajo el riesgo contante de ser devorado por una urbanización o ser víctima de un plan de ajardinamiento o “restauración” absurdo ¿Cómo podemos proteger estos espacios, a menudo pequeños, en un contexto de creciente destrucción del patrimonio natural?
destrucción de la flora en un descampado de Chiclana, Cádiz Yo comprendo que la costa gaditana es una maravilla y que todo el mundo quiera tener una casa allí, pero estamos sobre el límite de capacidad del territorio y ya no es posible construir más sin destruir lo que hace que la costa sea hermosa. No olvidemos que si lo único que pretendemos es servir cerveza barata a los ingleses, Marruecos y Túnez nos pueden aventajar en cualquier momento. Por ello deberíamos ser capaces de preservar mejor nuestra biodiversidad, y con ella nuestros paisajes. En nuesto país hay un enorme cuerpo de conocimiento sobre flora, fauna, geología, etc., y eso es algo que el viajero sabe apreciar: el conocimiento marca la diferencia. Por eso es tan triste ver que donde hubo un bosque ahora no hay más que un aparcamiento sombreado, y que lo poco que queda sin construir se llena de vertederos ilegales y escombreras. Las especies invasoras, muchas provenientes de jardines y campos de golf que vierten sus desechos sin control en los descampados vecinos, se extienden rápidamente. Las plantas ruderales y nitrófilas colonizan los pastizales, desplazando a especies únicas, más frágiles. En definitiva, todo aquello que hace al territorio irrepetible, las especies endémicas producto de millones de años de evolución, los parajes de alta biodiversidad, la vegetación plenamente desarrollada, el paisaje tradicional... Desaparecen, y son sustituidas por un catálogo reducido de especies sinantrópicas que crecen en todas partes, y por edificaciones. Cucarachas, gorriones, grama y algún cardo junto a un McDonald’s están llamados a sustituir a sabinas, narcisos, camaleones y currucas, y parece ser que también al poblado de pescadores de Sancti Petri, que tiene los días contados. Esto os sonará conocido porque no es más que la encarnación gaditana de una tendencia a gran escala: desaparición de casi todo lo que es único para ser sustituido por una masa informe, globalizada, carente de personalidad, y lo que es peor, de sentido.
destrucción de la flora en un descampado de Chiclana, Cádiz Por cierto, mis amigos de Cádiz me comentan que sobre el reducto de terreno donde crecían los narcisos ha pasado maquinaria pesada, sin motivo particular, destruyendo así un lugar completamente único que pasa a engrosar el catálogo de sitios para el recuerdo que cubren nuestro territorio. Otro caso sangrante se puede ver aquí, aunque hay muchos más. Y es doloroso porque el valor incalculable de esa hectárea era sobradamente conocido en la región. Es urgente que Andalucía se decida a establecer un catálogo ambicioso de microrreservas de flora, como ya hacen Valencia y Murcia, y ponga fin a la destrucción de estos santuarios naturales con pinta de descampado, que sólo ocupan una hectárea.
invasión de Acacia retinoides en la costa gaditana Si queréis saber más sobre los narcisos, Paco y Javier os cuentan su historia aquí y aquí.
Aquí una interesante visión sobre un descampado cualquiera.
Más sobre narcisos, la próxima semana.

jueves, 23 de julio de 2015

Los chinos y Venecia, en el Torcal de Antequera

Hace unas semanas, en el Torcal de Antequera, un turista francés se detenía con sorpresa ante un cardo mariano en flor (una de las especies más frecuentes de nuestros campos), y llamaba la atención de su esposa para admirar juntos aquella planta durante unos minutos, fotografiarla ufano y emitir un pequeño grito de júbilo al ver a un abejorro posarse en él y recolectar polen. La pareja se internó en el Torcal por la ruta marcada y pasó bajo unas rocas sobre las que crecían juntas la Linaria anticaria, Saxifraga biternata y Silene andryalifolia, hermosas y raras plantas únicas de los roquedos calizos del sur de España, pero sin prestarles la menor atención. Simultáneamente, un grupo de turistas chinos caminaba por Venecia cruzando el Puente de la Paja, mirando tranquilamente al mar sin percatarse de que justo detrás de ellos, en la sombra, se encontraba el pequeño y espléndido Puente de los Suspiros.

Puente de los Suspiros, Venecia, foto P. Escobar

Con estas anécdotas quiero señalar la enorme importancia que tiene el conocimiento de cara a posibilitar el disfrute de un espacio. Mis turistas franceses se hubieran deleitado con las linarias y las saxífragas, además de con el cardo, y los chinos no habrían pasado de largo delante de una de las joyas de Venecia. Los visitantes, que llegan allí porque se lo recomendó un amigo el domingo pasado, porque compraron un paquete turístico cerrado, o porque “les llevó el marido”, no saben normalmente nada del lugar y lo abandonan más tarde con un borroso recuerdo, quizás sólo un poco más vivo si ese día les picó una abeja o se quemaron con el Sol de Mayo.

Linaria anticaria, foto P. Escobar

Para posibilitar el contacto fructífero con la naturaleza se necesitan dos cosas 1) ir por el camino adecuado y 2) mirar alrededor “con las gafas adecuadas” (tomo el símil prestado): las gafas del conocimiento, ya que como dice el viejo proverbio español “el que no sabe es como el que no ve”. Los visitantes necesitan 1) senderos claramente señalados y 2) a intervalos, paneles con información concisa y sencilla que les cuente quién vive allí, por qué ese lugar merece estar protegido, en definitiva, qué maravillas se ocultan tras las piedras. La divulgación posibilita de esta manera que la gente entre en contacto con otros seres, sus vecinos de al lado, a quienes no conocen y que tienen mucho que aportar a sus vidas. La gente que sabe es más crítica, más sensible, más responsable y más respetuosa... Y no sólo con la naturaleza.

Torcal de Antequera, Málaga, foto P. Escobar

viernes, 3 de abril de 2015

España: líder europea... En algo positivo!

El panorama informativo español es especialmente deprimente en estos momentos. Nuestro país está a la cola de Europa en temas como prestaciones sociales, educación, sanidad... Y es líder en cosas nada enorgullecedoras como desempleo, corrupción, desigualdad... Con este paisaje delante, no quiero dejar de mostraros que estamos a la cabeza de Europa en algo positivo, donde además, la Comunidad Valenciana y Andalucía brillan con luz propia.

Density of georeferenced occurrence records published through the GBIF network

El mapa de la fotografía muestra la densidad de datos que alberga GBIF (la “Infraestructura Mundial de Información en Biodiversidad”), de forma que cuanto más naranja, más datos. GBIF muestra de manera gratuita cosas como qué especies de plantas y animales han sido encontradas en qué zonas, cuándo han sido recolectadas o avistadas, y quién ha realizado la observación o recolección. Incluye los datos de Herbarios y museos de ciencias naturales, que combina y muestra conjuntamente. Es por ello uno de los recursos de información de biodiversidad más importantes del mundo.

Como podéis ver, GBIF muestra a nuestro país en un naranja brillante, más o menos al nivel de Alemania y sólo superado por países como Reino Unido o los Países Bajos (que dicho sea de paso, son más ricos, más pequeños, de relieve mucho menos accidentado que el nuestro y con cifras de biodiversidad mucho menores). Esto significa que España es uno de los líderes europeos en el estudio de la biodiversidad, y que además, las personas e instituciones que se dedican a estos estudios se encuentran entre las más eficientes y colaborativas de Europa, ya que no sólo han currado como leones en el campo, sino que además han trabajado de lo lindo (estandarizando, informatizando las colecciones) para subir sus datos a GBIF. Aquí merecen una mención especial la Comunidad Valenciana y Andalucía, cuyas redes de profesionales se han ganado una mención de honor por su trabajo. Enhorabuena a tod@s!

Nota: España es el país con más especies de plantas y animales de Europa. Para que os hagáis una idea: mientras que en los Países Bajos viven unas 1200 especies vegetales, en España se calcula que crecen unas 7500 (según Pierre Quezel en Gómez Campo, 1985: Definition of the Mediterranean Region and origin of its flora. Pág. 17).

viernes, 20 de marzo de 2015

De qué dependen la forma y color de una flor?

La ilimitada diversidad la vida ha maravillado siempre al hombre. Formas, colores, perfumes… Las variaciones son aparentemente infinitas y por muchos años que llevemos estudiándolas nunca cesan de sorprendernos. Las orquídeas, por ejemplo, mueven a una legión de aficionados que han generado toda una industria en torno a su admiración y cultivo. Pero los mecanismos que originan esta diversidad de formas, o dicho de otra manera, cómo el genotipo de un ser vivo (o sea, la secuencia de letras del ADN) se traduce a un fenotipo (a unos caracteres observables, como color o forma) se ignoran en gran medida y suponen una de las cuestiones centrales de la biología de hoy día.

Variation in floral pigmentation patterns and intensity within the genus Antirrhinum. Martin & al. 2010. Plant Physiology 154: 506–511

En la fotografía de hoy se ilustra la variación del colorido floral en las “bocas de dragón” o Antirrhinum, un género de las familia de las Plantagináceas que alcanza su máxima diversidad de especies en la Península Ibérica. Sobre todo en el sureste de España, multitud de especies, muchas de ellas de difícil identificación, aparecen en roquedos y muros. La diversidad de formas y colores de las flores de Antirrhinum es enorme, y casi siempre existen ejemplares de aspecto intermedio difíciles de adscribir a una especie u otra.

Aquí se ilustra que las diferencias en la intensidad del color de las flores y la presencia o no de venas, o guías de néctar, depende de dos factores de transcripción, unas proteínas llamadas Rosea y Venosa, que regulan la síntesis y distribución del pigmento rojo, una antocianina. Estas proteínas se comportan como “interruptores”, que se unen a determinadas partes del ADN de la planta y encienden o apagan sus genes diana.

Como veis, las formas y colores dependen de mucho más que la mera secuencia de letras del ADN. Mientras que una mutación tarda miles o millones de años en producirse, los factores de transcripción pueden ser un medio rapidísimo para cambiar el aspecto de una planta y en última instancia, acabar produciendo una nueva especie. En los últimos años, un nuevo campo de la biología, la “epigenética” se está abriendo camino a pasos agigantados. Este campo estudia también cómo se regulan los genes y está teniendo consecuencias revolucionarias en cómo entendemos la evolución y la conservación de las especies. Pero de la epigenética y de la nueva frontera del conocimiento que ha abierto hablaremos en otra ocasión.

Nota. La imagen tiene varias erratas:

Antirrhinum barrelieri es en realidad A. litigiosum.

A. “meonanthemum” es A. meonanthum.

A. “nutellianum” es en realidad Sairocarpus nuttallianum, una planta de América pariente de Antirrhinum que nada tiene que ver con la Nutella, sino con Thomas Nuttall, botánico inglés y autor de "The Genera of North American Plants".

martes, 10 de marzo de 2015

El país de los Narcisos

La Alhambra, la Mezquita de Córdoba, el Puente de Alcántara... Al hablar de todos estos lugares nos viene inmediatamente a la cabeza un país: España. Pero España es, además de la tierra de todas estas maravillas, el país de los narcisos. En ningún otro lugar hay tantas especies, un total de 25 según Flora iberica, que se concentran especialmente en Andalucía. A medida que avanzamos hacia oriente alejándonos de nuestro país, el número de especies de narcisos decrece. Y así, en Francia hay 11 especies, en Italia 5, en Grecia 3 y en Turquía 2 (sin contar las cultivadas, claro). En la fotografía de hoy aparecen unos parientes próximos de los narcisos, las „campanillas de las nieves“ o Galanthus. Se trata de unas hermosas plantas bulbosas de floración invernal que representan la tendencia inversa: al alejarnos de la Península Ibérica, donde solo crece Galanthus nivalis, cada vez hay más especies, hasta las 20 que crecen entre Grecia y el Cáucaso.

Galanthus elwesii de Anatolia (izquierda) junto a Galanthus nivalis, especie de amplia distribución, de Iberia al Cáucaso (derecha)

Estas variaciones en el número de especies de un género se llaman gradientes de biodiversidad y son característicos de muchos grupos de plantas. Un patrón similar al de los narcisos, con gran número de especies en la Península Ibérica aparece también por ejemplo entre las "bocas de dragón" (Linaria), las genistas y ahulagas (Genista, como ya vimos aquí) y las jaras (Cistus); mientras que el inverso se puede observar en las azucenas (Lilium) o los tulipanes (Tulipa), cuya diversidad crece hacia el Levante y es máxima en las montañas de Asia. El porqué de estos gradientes es muy complejo y tiene que ver con el lugar de origen del grupo en cuestión y con su antigüedad, pero esa es otra historia, y tiene que ser contada en otra ocasión (M. Ende dixit).

Para ti amiga, que tanto amaste las flores y la música. „Schneeglöckchen“.

lunes, 2 de marzo de 2015

Recetas botánicas: comida sana y muy natural

Con el auge de los alimentos biológicos y los productos locales viene una moda que arrasa en toda Europa y que poco a poco traspasa los Pirineos: el consumo de verduras silvestres. El máximo exponente de esta corriente es quizás el premiado René Redzepi, chef jefe del restaurante Noma en Copenhague, que va cada día al campo a por plantas silvestres que servir a sus clientes buscando sabores alternativos y muy naturales. Este brote que veis en la foto pertenece a una especie de ajo silvestre llamada "ajo de oso" o Allium ursinum, que es una de los primeros alimentos que toman los osos cuando salen de su letargo invernal. Los brotes jóvenes son verdaderamente deliciosos en tortillas, ensaladas, pasta… ¡O como sea! Os dejo una receta estupenda para untar en las tostadas.

Allium ursinum listo para el plato. Foto: P. Escobar

100 gr de requesón (si no tenéis se puede sustituir por queso Philadelphia).

Un buen puñado de brotes de Allium ursinum.

Un chorrito de nata.

Una pizca de sal.

Que aproveche!

jueves, 26 de febrero de 2015

Una flor que nunca se marchita

Las flores, que se utilizan en el arte occidental para representar la fugacidad de la belleza, pueden en realidad ser bastante duraderas. Hoy hablaremos de una flor que no se marchita, y que de hecho tiene un ciclo de vida tan dilatado como si fuera una hoja. Las flores de los eléboros (Helleborus foetidus) se mantienen abiertas y fértiles durante unos veinte días en medio del invierno, un lapso de tiempo que ninguna otra planta iguala en la Península Ibérica. Pero además, una vez que la flor ha sido fecundada y el fruto empieza a madurar, los sépalos siguen desarrollándose y se mantienen vivos y verdes hasta que el fruto está en sazón. Entonces, bien entrada la primavera, los paseantes menos informados los ven y exclaman „huy mira ¡una flor verde!“.

Helleborus viridis, foto P. Escobar

En la fotografía veréis que la flor de este otro eléboro, el Helleborus viridis, tiene una estructura peculiar. Lo más llamativo son los grandes sépalos verdes que realizan la función de los pétalos, atraer a los polinizadores. Más adentro, hay unas estructuras en forma de lengüeta que segregan néctar, tan apreciado por los abejorros. Se trata de los verdaderos pétalos, que se han transformado en nectarios. En el interior de la flor aparecen los estambres, en gran número, y el gineceo, compuesto por varios carpelos libres.

Helleborus foetidus, foto P. Escobar

Otra curiosidad de los eléboros es que en las especies de flores blancas (Helleborus niger, de los Alpes) o rosadas (Helleborus orientalis, del Ponto Euxino), los vistosos sépalos se vuelven verdes tras la fecundación. Es un proceso muy curioso, ya que si se eliminan los pistilos fertilizados las flores mantienen su colorido durante mucho tiempo. Esto se debe a que las plantas de floración invernal necesitan mucha energía para florecer y los eléboros, que carecen de órganos de reserva, tienen que sintetizar en el momento los azúcares que necesitan para florecer. Por eso las flores son verdes o se vuelven verdes tras la fecundación. Es más, si a una flor recién polinizada se le retiran los sépalos, la producción de semillas desciende drásticamente, ya que carecen de la energía necesaria para su normal desarrollo. Como veis, los eléboros son unas plantas interesantísimas. Si queréis saber más de ellas, os recomiendo este artículo y los que cita en su bibliografía. Por cierto, un ecólogo español, Carlos Herrera, es un fenómeno en este tema.

Helleborus niger, foto P. Escobar

jueves, 11 de septiembre de 2014

Los líos de familia del plátano de sombra

El porte majestuoso, las hojas divididas y brillantes, la corteza parcheada que se desprende en placas… Hacen del plátano de sombra un árbol difícil de confundir con cualquier otro. El plátano es además muy común en las calles de nuestras ciudades, no sólo por su gran belleza sino también por su tolerancia al aire contaminado, las podas salvajes y todas esas perrerías que los árboles urbanos tienen que sufrir y que matarían a un buen número de especies de árboles silvestres. Es una especie adaptable y muy vigorosa capaz de crecer sumamente deprisa, y sin embargo ¿ha visto alguno de vosotros alguna vez un plátano de sombra en estado silvestre? ¿se trata en realidad de una „auténtica“ especie? ¿de dónde provienen? Hay gente que cree que se trata de una especie espontánea, o de una forma de jardín del plátano oriental (Platanus orientalis), una especie bajo la que Teofrasto enseñaba botánica a los alumnos del Liceo ateniense (1).

 Teofrasto enseñando en la Academia

La verdad es que no habéis visto nunca un plátano en estado silvestre en ningún sitio porque este árbol no existe en la naturaleza: se trata de un híbrido artificial entre dos especies que jamás se habrían podido cruzar debido a su procedencia dispar. Uno de los progenitores es el ya mencionado Platanus orientalis, magnífico árbol oriundo de Grecia y Asia Menor; el otro es Platanus occidentalis, un gran árbol de bosque proveniente del este de los Estados Unidos. Así que, rigurosamente hablando, no se trata de una especie como serían el melojo o el castaño. El plátano de sombra se origina cada vez que los dos Platanus mencionados se hibridan, y aunque las semillas de este híbrido son perfectamente viables, la apariencia de la segunda generación es muy variable y, como en el caso de las familias de muchos de nosotros, los retoños se parecen más a los abuelos que a los propios padres. No se trata, por ello, de una especie híbrida con morfología estable (2).

Comparativa de las hojas de P. occidentalis, P. x hispanica y P. orientalis; foto de I. M. Chengappa en http://www.aranya.co.uk/planes/index.html

Dónde se originó exactamente este híbrido no es algo que esté muy claro, aunque todo apunta a Gran Bretaña. La historia del origen de nuestro árbol es muy interesante. El Platanus occidentalis fue traído a Europa a mediados del siglo XVII por el botánico y jardinero inglés John Tradescant hijo (que además se trajo de su viaje a Virginia entre 1628 y 1637 tulíperos, magnolias y muchas especies más, hoy ampliamente cultivadas). La primera referencia escrita al plátano de sombra aparece en un catálogo del jardín botánico de la Universidad de Oxford, de alrededor de 1680, redactado por su conservador Jacob Bobart, en la que se puede leer „P. [Platanus] inter orientalem et occidentalem media“ (3). Además de su gran vitalidad, el ser intermedio entre sus „padres“ es la principal característica de nuestro árbol, que manifiesta un marcado vigor híbrido y llega a crecer hasta el doble de deprisa que sus especies progenitoras (hasta los 35 m de altura). Se propaga además muy fácilmente por esquejes, lo cual contribuyó a su rápida expansión por Europa durante los siglos siguientes. Ya en 1704 es descrito por el botánico francés Joseph Pitton de Tournefort, y más tarde por los alemanes Münchhausen (1770), Willdenow (1797) y el portugués Brotero (1805). Si nos atenemos al principio de prioridad y al código de nomenclatura botánica, el nombre correcto del plátano de sombra sería Platanus x hispanica Mill. ex Münchh., ya que los nombres anteriores a 1753 („año cero“ de la botánica y fecha de publicación del Species Plantarum, de Linneo) no se tienen en cuenta, y los nombres de Willdenow (P. acerifolia) y Brotero (P. hybrida) son superfluos.

El Plátano de Ely, Cambridgeshire, probablemente el ejemplar más viejo de P. x hispanica que existe (foto de David Humphries en http://arbtalk.co.uk)

El origen híbrido de Platanus x hispanica es fácil de constatar, ya que es un ejemplo de libro de herencia mendeliana. Los ejemplares de la primera generación híbrida son homogéneos (primera ley de Mendel) y presentan características morfológicas intermedias entre P. occidentalis y P. orientalis. Por otra parte, la descendencia de estos árboles es morfológicamente heterogénea cumpliendo así la segunda ley de Mendel (segregación de caracteres en la segunda generación híbrida). Además, un interesante estudio genético (4) reciente ha demostrado definitivamente que todos los plátanos de sombra son híbridos, con mayor o menor grado de introgresión hacia uno de los parentales (o sea, que los híbridos se han cruzado alguna vez con una de las especies progenitoras). ¡Complicado! Pero ¿quién dijo que sería fácil?

P. x hispanica en una carretera de Provenza, foto P. Escobar García

Bibliografía - añadida el 12.IX.2014 -

(1). Pavord, A. (2005). The naming of names. Bloomsbury, Londres.

(2). Santamour, F. S. (1970). Hybrid vigour in seedlings of re-created London plane. Nature 225: 1159-1160.

(3). Henry, A. & M. G. Flood (1919). The history of the London plane (Platanus acerifolia). Notes on the genus Platanus. Proc. Royal Irish Academy 35: 9–28.

(4). Besnard G. & al. (2002). Molecular approach of genetic affinities between wild and ornamental Platanus. Euphytica 126: 401–412.

viernes, 1 de agosto de 2014

Usted tiene una deuda de 428 euros... Con un árbol

No todo lo que es útil cuesta mucho, ni todo aquello que cuesta mucho es realmente útil. Piensen en el agua, imprescindible para la vida y sin embargo tan barata que podemos malgastarla en grandes cantidades, o en un diamante inmensamente valioso, pero que no salvaría la vida de su dueño si se encontrara perdido con él en medio del desierto. Este ilustrativo ejemplo se llama “paradoja del valor” y no pertenece a la filosofía budista, sino al libro “La Riqueza de las Naciones” de Adam Smith (1776), el padre de la ciencia económica. No pensamos mucho en ello, pero es un hecho que nuestra existencia depende completamente de la naturaleza. Ella purifica y oxigena el aire que respiramos, ha formado los suelos que cultivamos, nos proporciona el agua que bebemos... No hay excepciones. Desgraciadamente, a la naturaleza le ocurre lo que al agua en el libro de Adam Smith, simplemente está ahí y su uso es gratuito. No tiene precio, no participa en un mercado, su preservación o destrucción no contabilizan en el PIB. Esta falta de valoración económica, como expone el empresario y asesor Pavan Sukhdev (2008), es una de las causas fundamentales del dramático deterioro de los ecosistemas y de la pérdida acelerada de biodiversidad que protagoniza nuestra época.

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Les propongo hacer un ejercicio mental. Imaginen un árbol cualquiera de su calle o del parque más próximo. Intentemos ahora hacer un escueto inventario de lo que ese árbol hace por nosotros, completamente gratis. Veamos qué servicios nos presta.

Primero y más evidente: oxígeno para respirar. Un árbol de parque sano y bien desarrollado puede producir unos 90 kg de O2 al año (1). O lo que es lo mismo, la cantidad de oxígeno que respira un hombre adulto durante unos 100 días (2).

Imagina que los árboles dieran wifi gratis

Segundo: fijación, o como se dice ahora, “secuestro” de carbono. Los árboles, gracias a la fotosíntesis, asimilan el CO2 del aire incorporándolo a su biomasa y liberando oxígeno. Este proceso es la clave del ciclo del carbono y posibilita la habitabilidad de nuestro planeta, ya que si el CO2 de las emisiones naturales no tuviera un sumidero, las temperaturas de la superficie de la Tierra aumentarían hasta llevar a todas las formas de vida que conocemos al colapso. Contabilizando sólo la madera seca, nos encontramos con que el hermoso plátano de sombra que veo desde mi ventana ha retirado de la atmósfera más de dos toneladas y media de CO2 durante sus 40 años de vida (3). Si tenemos en cuenta que un coche medio emite unas 4.4 toneladas de CO2 al año (4)... No es de extrañar pues que ni siquiera todos los bosques y ecosistemas marinos del planeta den abasto para compensar con la fotosíntesis el CO2 producido por la humanidad.

Tercero: Limpian el aire. En efecto, los árboles son capaces de retener en la superficie de sus hojas partículas contaminantes, como las temibles PM10 (5), originadas mayormente por el tráfico y capaces de penetrar en los pulmones y el torrente sanguíneo, constituyendo uno de los agentes cancerígenos más potentes (6). Son particularmente dañinas durante los meses fríos, en condiciones de sequedad y ausencia de viento.

Los árboles también absorben compuestos químicos tóxicos para el ser humano, neutralizándolos, como los hidrocarburos (HC) y los compuestos orgánicos volátiles (VOCs). Estas sustancias son emitidas principalmente por el tráfico durante los meses cálidos. Las PM10, HC y VOCs son peligrosos contaminantes cuyos niveles en el aire están monitorizados y regulados. La legislación ambiental impone severos límites aunque está demostrado que para las PM10 no hay nivel seguro, y cada incremento de su presencia en la atmósfera está relacionado con un incremento en las tasas de cáncer en la población (6).

Cuarto: Actúan como pantalla solar. La luz ultravioleta es la responsable de las quemaduras solares, y en última instancia, culpable de muchos cánceres de piel. Las hojas verdes, gracias a sus pigmentos protectores, absorben intensamente la luz ultravioleta, cosa que no hacen muchas prendas de ropa veraniegas ni unas gafas de sol de baja calidad. Un dosel de hojas verdes es por ello una fantástica protección contra las radiaciones más dañinas.

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Quinto: Refrescan el ambiente. Los árboles funcionan como enormes evaporadores gracias a la transpiración. Las hojas absorben el calor ambiental y evaporan agua con él, de forma que el aire bajo el dosel verde está más fresco que sobre él. Por eso es refrescante pasear por un bosque en verano. Debido a la transpiración, además, los árboles funcionan como amortiguadores térmicos para los edificios circundantes. No sólo los refrescan sino que además los protegen del viento, contribuyendo a su aislamiento (7).

Y por último, pero no por ello menos importante, hablaremos de cualidades y servicios de orden moral. Los árboles son bellos, y con sus flores en primavera, su verdor en verano y su despliegue de colores en otoño hacen nuestra vida un poco mejor. Una calle con tres especies de árboles es más hermosa que una calle con sólo una, de la misma manera que un jardín es más bello que un parque porque contiene más diversidad de formas de vida. Está demostrado que la introducción de actividades de valoración de la biodiversidad en la escuela a edades tempranas fomenta el desarrollo del niño como ciudadano responsable (8). Estas cualidades morales, para mí de máxima importancia, son muy difícilmente valorables en términos monetarios.

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Tras esta pequeña introducción, quizás no nos sorprenderíamos tanto si recibiéramos una factura con la siguiente relación de servicios: tarifa plana de producción de oxígeno... 25€ al mes. Almacenamiento de Carbono... 100€ por tonelada. Limpieza del aire, eliminación de partículas PM10 y VOCs... 20€ al año. Protección contra la radiación ultravioleta: 8€ al año. Aislamiento parcial de su edificio: gratis el primer año. Total: 428€. Qué les parece? Sí, es verdad, es completamente arbitrario, pero la idea de establecer un sistema de valoración de los servicios ambientales podría ser un buen comienzo para explicarle al banquero, a las multinacionales, al corredor de bolsa y al secretario de economía del gobierno regional de turno que están disfrutando de servicios por los que no pagan, y que las actividades de sus empresas ganan dinero dañando algo que sustenta el bien común, sin ofrecer contraprestaciones. Y hasta aquí, hemos hablado de un simple árbol de calle. De cómo las selvas tropicales regulan el clima mundial hablaremos otro día.

La naturaleza existe al margen de la economía y los mercados. Sin embargo, los mercados, aunque tercamente se obstinen en lo contrario, no pueden existir al margen de la naturaleza.

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Bibliografía

Pavan Sukhdev (2008). La Economía de los Ecosistemas y la Biodiversidad - Informe Provisional. Oficina de Publicaciones de la Unión Europea.

viernes, 11 de julio de 2014

La Isla de los Pinchos

Tras una breve pausa, retomamos nuestro paseo semanal por el mundo de las plantas. Hoy os voy a llevar a un secarral lleno de pinchos. Fascinante, ¿no? No dejéis de leer aún: me gustaría enseñarle a los no iniciados por qué un pedregal seco y espinoso es una maravilla de la naturaleza que hay que conservar.

Las vacaciones de verano me han llevado este año a Creta, y mientras mis compañeros de viaje celebraban el centenario de El Greco en las sombreadas calles de Heraklion, yo tenía mi primer contacto con una de las formaciones vegetales más interesantes del Mediterráneo Oriental: la frigana (o phrygana).

La frigana se suele describir como el equivalente oriental de la garriga o el tomillar, esto es, una formación de arbustos bajos que aparece de manera natural en condiciones muy adversas para la vida, como pedregales o crestas rocosas expuestas al viento; aunque también se extiende de forma secundaria a lugares donde la vegetación está degradada y los árboles y grandes arbustos no se pueden desarrollar debido a la pérdida de suelo. Aparece típicamente como etapa de degradación de los bosques tras incendios, particularmente en zonas sujetas a la acción de los pastores de cabras.

Frigana (phrygana) en Creta. En flor: Genista acanthoclada

En contraposición a la garriga, dominada a menudo por la coscoja (Quercus coccifera) o el tomillar, donde los elementos dominantes son las labiadas aromáticas como Thymus o Sideritis, la frigana es más bien una comunidad de arbustos almohadillados espinosos que no superan los cincuenta centímetros de altura y que no es nada recomendable atravesar en pantalones cortos y sandalias. Recuerdan a los piornales espinosos de las Sierras Béticas, pero se desarrollan no sólo cerca de las cumbres sino también a menores altitudes, bajando hasta el mismo litoral. Con fisionomía muy parecida pero diferente composición de especies, la frigana aparece típicamente sobre calizas (el tipo de roca dominante en el levante), pero también sobre esquistos e incluso en los arenales costeros.

La frigana está sometida a fuerte presión ganadera desde hace miles de años, normalmente por ganado caprino, así que cualquier cosa que se parezca a una hoja verde es devorada inmediatamente. La presión selectiva contra las formas de crecimiento inermes (esto es, carentes de espinas) es brutal, y literalmente, todo en la frigana es espinoso, tóxico o tiene un desagradable sabor amargo. Este es su principal atractivo para el naturalista. La frigana es un laboratorio de la evolución donde las formas espinosas alcanzan una diversidad extraordinaria. Plantas que en cualquier otra parte son inermes desarrollan en Creta potentes aparatos de espinas axiales lignificadas, pues las cabras son capaces incluso de acabar con los cardos. Además, una serie de plantas de crecimiento grácil y tallos filiformes, como de alambre, se desarrollan entre las espinas a salvo de las cabras, sin dar sombra a sus feroces protectoras.

Frigana (phrygana) en Creta. Euphorbia acanthothamnos

Las especies más frecuentes a media altitud pertenecen a muy diversas familias pero tienen todas un aspecto muy similar, como almohadas espinosas, hábito que mantienen incluso libres de presiones bajo cultivo. Dominan una curiosísima rosácea, Sarcopoterium spinosum y una ahulaga, Genista acanthoclada. Más allá, Verbascum spinosum (sí, un gordolobo arbustivo y espinoso) y Stachys spinosa (sí, también Stachys es un arbusto espinoso por aquí), además de la Euphorbia acanthoclada. Aquí, hasta las achicorias pinchan (Cichorium spinosum). Si subimos en altura aparecen rápidamente especies de Astragalus espinosas parecidas a nuestro Astragalus nevadensis, como A. creticus. Al bajar hacia la costa, sobre arenas, domina la impresionante Centaurea spinosa, endemismo del Egeo. Como veis, los poco imaginativos nombres de estas especies hacen referencia a su carácter pinchoso, en latín y griego. Entre las espinas, se refugian de los herbívoros especies gráciles como Asperula rigida o Vicia cretica

Frigana (phrygana) en Creta. Stachys spinosa

La frigana es además una de las comunidades más ricas en especies de todo el Mediterráneo. Durante el mes de Abril, uno puede encontrarse gran cantidad de plantas anuales y geófitos en flor, muchos de ellos endémicos. Tulipanes silvestres, fritillarias, lirios, hipéricos... Jahn y Schönfelder (1995), en su Exkursionsflora für Kreta, contabilizan de 100 a 130 especies por 200 m2. Este patrón de alta diversidad y elevado endemismo ( = muchas especies, únicas de Creta) es extensible también a los animales de la frigana, y así, multitud de especies de escarabajos, mariposas, arácnidos, lagartijas son únicos también. Es como estar en un jardín botánico. No, mejor aún: es la naturaleza silvestre. Un verdadero tesoro... Entre los pinchos.